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Emprender en tecnología en Barcelona: mi experiencia

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Emprender en tecnología en Barcelona durante los últimos cinco años dejó algunos aprendizajes que se repiten en casi todas las conversaciones con otros founders de la ciudad. No tienen que ver con la mudanza en sí ni con la vida personal, sino con lo que cambia a nivel profesional al trabajar rodeado de un ecosistema de startups distinto al que se conoce en gran parte de Latinoamérica. Estas son las diferencias más marcadas.

El pragmatismo como forma de trabajar

Durante mucho tiempo el estereotipo del emprendedor apasionado, soñador, que quiere comerse el mundo y hacerse rico rápido fue la referencia. Ese impulso no desaparece al mudarse a otro ecosistema, pero conviviendo con emprendedores tech locales aparece un ingrediente distinto: el pragmatismo llevado a la práctica todos los días.

La diferencia no está en soñar en grande sino en cómo se ejecuta. En vez de perseguir la próxima gran idea, la mayoría de los founders con los que se cruza uno acá se concentran en entender bien qué problema resuelven, cobrar por eso y construir una empresa sólida que les permita vivir bien. No hace falta ser Elon Musk ni apuntar a una salida de diez millones de dólares para que un negocio de software valga la pena. Para la inmensa mayoría de las personas, un negocio chico pero rentable, que da una buena vida, es más que suficiente.

Tomar decisiones basadas en datos, no en intuición

Otro cambio grande tiene que ver con dejar de decidir por intuición. Cambiar el color de un botón porque un estudio dice que convierte mejor, sin medir después si realmente funcionó, es un clásico de cualquier equipo que no mide de verdad. En el ecosistema de Barcelona, en cambio, casi todos los founders con los que se habla son fanáticos de medir absolutamente todo antes de sacar conclusiones.

Esto se traduce en experimentos chicos y acotados: una prueba que dura cuatro semanas, otra que dura dos meses, se mide el resultado y se decide si seguir o cambiar de rumbo. La clave está en no enamorarse de una idea ni de un producto durante demasiado tiempo. Con la inteligencia artificial de por medio, perder tiempo es todavía más caro que antes: hoy cualquiera puede lanzar su propia app o su propio software, así que la velocidad para iterar (probar, medir, ajustar) termina siendo la ventaja real frente a la competencia.

Pensar en global en lugar de encerrarse en lo local

Algo que llama la atención al vivir en Barcelona es la tendencia de muchos founders locales a pensar en chico: construir soluciones solo para el mercado español, a veces incluso solo para la ciudad. En países de Latinoamérica, por el contrario, es común pensar en internacional desde el día uno, muchas veces porque el mercado local tiene poco poder adquisitivo y no queda otra opción que buscar afuera.

Con inteligencia artificial de por medio, esa limitación ya no tiene excusa: pedirle a una IA que traduzca un software a cinco idiomas cuesta lo mismo que pedirle que lo haga en uno solo. Escribir contenido en español cuando la competencia extranjera no lo hace es una ventaja real, pero eso no debería significar cerrarse al resto del mundo, sobre todo al mercado anglosajón, que sigue siendo el que más dinero mueve.

Por qué Barcelona funciona como hub para emprender en tecnología

Más allá del pragmatismo y la cultura de medir, hay ventajas concretas de estar en Barcelona para quien quiere emprender en tecnología. Es una ciudad que atrae gente de todos los países del mundo, con un hub de startups tech consolidado y con founders al tanto de las últimas tendencias del sector.

Para alguien que viene del resto de Europa, mudarse acá resulta relativamente barato mientras se sigue facturando en euros a tres o cuatro veces ese costo de vida, o mientras se mantienen clientes en otros países. A nivel fiscal e impositivo, estar dentro de la Unión Europea simplifica bastante vender productos o servicios a cualquier otro país del bloque. Es, además, un lugar donde es fácil conectar con otros founders y aprender de gente que ya pasó por lo mismo.

Antes de mudarte, algo para tener en cuenta

Nada de esto reemplaza el hecho de que emigrar es, ante todo, una decisión personal y no solo de negocios. Rara vez es solamente una jugada profesional: implica a la familia, a la pareja, a los vínculos que se dejan atrás. En los últimos tiempos se ve a mucha gente que se mudó hace cuatro o cinco años y que ahora está volviendo a su país, así que vale la pena pensarlo con calma antes de tomar la decisión.

Si la decisión ya está tomada, empezar con un proyecto chico, tipo negocio de lifestyle, apuntando al mercado que se conoce, suele ser más realista que intentar competir directamente por una salida millonaria. Emprender en tecnología en Barcelona no exige apuntar a lo más grande desde el primer día: exige entender bien el problema que se resuelve, medirlo todo, y no tener miedo de mirar más allá del mercado local.